El grounding y los beneficios en tu salud
¿Escuchaste hablar del grounding? En pocas palabras es poner los pies en la tierra y beneficiarnos de ese contacto. Pero te lo contaré más en profundidad. El grounding es una técnica terapéutica que reconecta eléctricamente a tu cuerpo con la Tierra. Al entrar en contacto con la piel, los electrones libres de la superficie terrestre se propagan por todo el cuerpo produciendo efectos antioxidantes.
La existencia del grounding, también llamado earthing, y los estudios que prueban su eficacia es reciente. Durante casi toda su existencia el ser humano se desplazó a pie. Y lo hizo descalzo o con calzado de cuero. Recién a mitad del siglo XX se generalizó el uso de goma y otros materiales aislantes en la suela de los zapatos. Ahí se cortó nuestra conexión eléctrica con la Tierra. Pero llevó décadas descubrir los efectos perjudiciales que esa desconexión eléctrica tiene para la salud.
Porque el grounding, que se puede traducir como descarga a tierra, no es una solución nueva y mágica a enfermedades. Es el regreso a un estado natural en la vida del ser humano, que evita la aparición de esas enfermedades.
Inflamación crónica
Diversos estudios han probado que el principal problema de salud que provoca nuestra desconexión eléctrica de la Tierra es la inflamación crónica. Las camas elevadas del suelo, los edificios altos, los medios de transporte, los suelos de las viviendas son elementos de la vida cotidiana que nos desconectan eléctricamente de la Tierra. La arena, el pasto, la tierra, el agua son abundantes en la naturaleza y nos reconectan con la Tierra. El concreto simple, muy usado para suelos, y el metal también son materiales que permiten el grounding. Del lado opuesto, lo que nos aisla de la Tierra, encontramos el plástico, la madera, el asfalto, el concreto sellado, la goma, el vinilo, la alfombra. Como verás, es muy fácil hoy en día vivir desconectados.
Existe un sistema de red en el cuerpo humano a la que la biología celular ha denominado “matriz viviente”. Esta matriz puede llevar electrones móviles a cualquier parte del cuerpo. Al hacerlo, protege todas las células, tejidos y órganos del estrés oxidativo y casos de lesión. La “matriz viviente” necesita una recarga periódica mediante el contacto con la superficie de la Tierra. Al final del post se explica cómo ocurre esto.
Beneficios del grounding
Uno de los estudios más exhaustivos sobre grounding fue realizado por los científicos James L Oschman, Gaétan Chevalier y Richard Brown en EE.UU. Su investigación explica cómo funciona el grounding y los efectos positivos que tiene para el cuerpo humano, que son los siguientes:
Reducción o incluso prevención de los síntomas de inflamación después de una lesión externa: enrojecimiento, calor, hinchazón, dolor, pérdida de sensibilidad.
Recuperación rápida de una herida grave. La inflamación y el enrojecimiento son mucho más leves de lo habitual.
Mejorar el sueño al normalizar los niveles de cortisol diurno y nocturno, regulando el ritmo circadiano.
Reducción del dolor, el estrés, la fatiga crónica.
Cambiar la activación del sistema nervioso autónomo de simpático a parasimpático.
Aumentar la variabilidad de la frecuencia cardíaca.
Reducir la viscosidad de la sangre.
Ralentizar el envejecimiento del cuerpo.
Otros estudios han encontrado también estos beneficios:
Disminuir los síntomas hormonales y menstruales.
Reducir o eliminar el jet lag.
Proteger el cuerpo contra campos electromagnéticos ambientales potencialmente perjudiciales para la salud.
Acelerar la recuperación de la actividad atlética intensa.
Consejos para hacer grounding
El contacto de la piel desnuda con la superficie de la Tierra es la clave del grounding. Caminar descalzo o acostarse sobre pasto, tierra o arena, y meterse en el agua de río, lagos o mar son la fuente primaria de grounding. Pero los materiales conductores de electricidad también sirven. Por ejemplo, un patio de concreto simple. O sentarse en una silla de metal en un jardín es realizar grounding, siempre que nuestra piel esté en contacto con la silla, claro.
¿Cuánto tiempo hay que hacerlo? No hay una sola respuesta a esta pregunta tan habitual. Dependerá de qué tipo de vida llevamos. Cuanto más tiempo pasamos en edificios altos, en viviendas construidas con materiales sintéticos, y viajamos en transportes aislados de la Tierra por neumáticos de goma, más tiempo tendremos que hacer grounding.
En general, se recomienda un mínimo de 20 minutos al día, para comenzar a notar los beneficios de esta técnica terapéutica. El estudio de los científicos James L Oschman, Gaétan Chevalier y Richard Brown comprobó que con 30 a 90 minutos diarios puede comenzar a notarse una diferencia real en los niveles de dolor, estrés, calma, más facilidad para conciliar el sueño o simplemente sentirse mejor que antes.
La investigación ha demostrado que en cuestión de segundos la fisiología del cuerpo comienza a cambiar. Los músculos empiezan a relajarse, volviendo a la tensión normal. El estrés comienza a disiparse al calmarse el sistema nervioso.
En casos de problemas de salud crónicos también se han comprobado efectos positivos, pero han tardado varias semanas en hacerse evidentes. Para personas que en general gozan de buena salud, es posible que no se noten muchos cambios. Sin embargo, el cuerpo está recibiendo menos daño de los radicales libres y, por lo tanto, puede curarse y repararse como debe hacerlo, manteniéndose en buena salud y bienestar continuos.
La conclusión del citado estudio es que algunas personas experimentan los beneficios rápidamente y para otros puede llevar tiempo.
Alternativas para el mal clima
Es claro que quienes vivimos en regiones con climas fríos y lluviosos tenemos más dificultades para hacer grounding, también llamado earthing. Vivo en Inglaterra y la idea de salir a caminar descalza por el parque en Invierno no me entusiasma. Mucho menos bañarme en el lago.
Pero hay dispositivos para hacer grounding “indoors”, o sea en nuestras casas, trabajos u otros lugares cerrados. Algunos de estos dispositivos son mantas, brazaletes, frazadas, calcetines, y también sistemas que conectan la cama con la superficie de la Tierra, o que se agregan a nuestro calzado para que tenga descarga eléctrica. Opciones más simples y económicas están al alcance de todos, incluso con mal clima: salir a caminar con zapatos con suela de cuero.
Por qué nos hace bien
Como comentábamos más arriba, la matriz viviente es una red de semiconductores de líquido y colágeno que se expande por todo el cuerpo humano. Está formada por tejido conectivo y extracelular, matrices tisulares y los citoesqueletos de todas las células.
Los electrones móviles crean un microambiente antioxidante alrededor de las lesiones, ralentizando o evitando que los radicales libres dañen el tejido sano. También previenen la inflamación, que es la reacción natural del cuerpo para protegerse de los radicales libres. De hecho, numerosos estudios han probado que el principal efecto positivo del grounding es la reducción o eliminación de la inflamación del cuerpo.
Este circuito electrónico en todo el cuerpo que es la matriz viviente representa un sistema de defensa antioxidante primario. Los electrones de la Tierra pueden prevenir o resolver la llamada inflamación "silenciosa" o "latente".
Es así que el grounding también actúa como un importante factor anti envejecimiento. Al recargarse eléctricamente por su contacto con la superficie terrestre, la matriz viviente es capaz de entregar electrones antioxidantes a partes del cuerpo que suelen ser afectadas por la acción de radicales libres.
A quienes quieran profundizar más en esta natural y al mismo tiempo revolucionaria técnica terapéutica les recomiendo el libro “Earthing, con los pies descalzos”, de los autores Clinton Over, Stephen Sinatra y Martin Zucker. El documental “The Earthing movie” - que está online con subtítulos en español - también es una muy buena introducción al tema. Como verás, con algo tan simple como poner los pies en la tierra logramos importantes mejoraras en la salud y bienestar.
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